La vida en pareja…

La vida de pareja, sea matrimonial o no, es sin duda la relación más difícil que  existe no sólo para formarla sino sobre todo para mantenerla.

¿Qué es lo que incita al ser humano a intentar y reintentar una experiencia que a veces ha sido decepcionante? ¿Cuáles son los criterios de formación de una relación que dure en el tiempo y que garantice simultáneamente la estabilidad relacional, la creación de un espacio de intimidad y la gratificación de las necesidades y deseos individuales? hace temer que los cónyuges, como los bueyes, sean destinados “a tirar la carreta” de la familia, sin siquiera tener la posibilidad de verse recíprocamente, hasta que uno de los dos caiga al piso.

Esta concepción  moralista y victimista de la pareja en nuestra sociedad, por suerte está cediendo su lugar en estos últimos años, a una valorización creciente de la intimidad y del recíproco cuidado  de los miembros de la pareja.

¿Qué fuerza misteriosa impulsa a dos personas que generalmente son desconocidas, a unirse superando tantos obstáculos, para iniciar aquella aventura existencial tan compleja como lo es la formación de la pareja?

El amor romántico es aquella relación amorosa que reviste estas características singulares.

La “divina manía como la llamaban los griegos, es aquel estado que   se apodera de  las personas, desencadenando una serie de reacciones psicológicas particulares: ojos brillantes, luminosidad de la piel, taquicardia, torrentes de endorfina. Ella perturba a las personas provocando el “mal de amor”. La  rumiación  constante del pensamiento, la agitación, la depresión y el sentimiento de pérdida cuando el ser amado no está presente o la euforia, frente a las mínimas señales de su existencia (una palabra, una carta, una llamada, un gesto, un e-mail) la restricción de la conciencia a cada pensamiento o sentimiento que no tenga que  ver con el ser amado, perpetua un estado casi delirante.